Se sienta impaciente, con las piernitas que le cuelgan del sofa. Apretadita frente a la mesa, espera mirando hacia la barra. Me mira traviesita desde su mesa mientras yo finjo escribir y no verla. Cruza la pierna como yo, y se hecha el cabello hacia atrás con los dedos. Me recuerda tanto a mí, como un espejito. La niña delgadita me mira desde su mesa. Con un ademán elegante pone a un lado sus pertenencias cuando viene el café: un capuchino caliente, nada de esas bebidas de niños; caliente y espumoso.
La nena se muerde las uñas conmigo. “Tiene azucar?” pregunta al mesero que la mira esperando que no se le caiga la taza de cristal. Su cuchara tintinea ruidosamente mientras mezcla las cuatro cucharadas de azucar en el interior y su sonrisa crece emocionada. Los ojitos enormes se clavan en la taza que esta hirviendo, no la puede tocar y mete, decidida, la cuchara a la leche espumada. La carita se le ilumina, la leche esta dulce, con canela. Empieza a tomar a cucharadas como sopa el café.
Limpiando con una servilleta las gotas que se caen, la niña pega los deditos delicados en la mesa esperando que se absorba el liquido mientras me mira de reojo, apenada. No quería que me diera cuenta y tapa con la mano el reguero mientras intercambiamos una sonrisa de adultos.
Cuando enfría la leche, toma con sus dos manitas la taza y toma a tragos enormes el café, la taza le cubre toda la carita haciendo que se escurra hacia abajo por las comisuras de sus labios, con multiples servilletas se limpia la cara obsesivamente. Cuando se termina el café, toma nuevamente su cuchara para alcanzar la canela se ha ido al fondo, la saca con dificultades enormes pero deja el vaso vacío.
Sentándose derechita nuevamente, estira la manita cerrando el puño haciendo el gesto de “la cuenta”
- ¿Cuánto le debo?- le pregunta al mesero mientras se arregla el cabello largo y se pone una gorra morada, descolorida y roída de las costuras.
El mesero le retira la taza al tiempo que le pasa la nota. La niña saca su bolsita de plástico y cuenta peso por peso hasta llegar al monto, dieciseis pesos. Toma sus cosas y se levanta. Se acerca a mi mesa aún con bigotes de leche en debajo de la nariz. Nos miramos a sabiendas de que esta vez tampoco sucederá. La veo flaquita, desarreglada, con la ropa sucia como la he visto siempre entrar a la cafetería. La niña sornríe mientras camina hasta pararse a mi lado.
- ¿no compra chicles?- pregunta, mientras se inlina sobre mi codera y pone la cajita de dulces en mi mesa.
- No Cielo, dile a tu mami que no te mande más a vender, que todavía eres muy pequeña.
La niña se voltea decepcionada y se dirije hacia la puerta
- ¿Pero te gustó tu café?- le pregunto antes de que salga por la puerta hacia el portal.
Recibo una sonrisa.


Tweets that mention Cappuccino a media tarde -- Topsy.com // Jul 24, 2010 at 10:05 pm
[...] This post was mentioned on Twitter by Clitemnistra and Clitemnistra, Clitemnistra. Clitemnistra said: New Post: Cappuccino a media tarde http://bit.ly/dvrSWZ [...]