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Anamaría Ashwell: El libro rojo de Carl Jung

September 29th, 2009 · 7 Comments · Chahuistle

En 1913 el psiquiatra Carl Jung, con 38 años, sufrió un agudo cuadro psicótico que duraría seis años. “Confrontado con su in-consciente”, según lo describió él mismo, Jung sufrió alucinaciones visuales y auditivas. Desde la aparición de los primeros síntomas des–equilibrantes, además, Jung creyó posible moverse entre los polos opuestos –desde lo irracional a lo racional– de su psiquis y decidió conscientemente “hundirse” (la palabra es suya) en su propio inconsciente, induciéndose in-cluso alucinaciones más graves, para deliberadamente explorar la condición límite de su “ imaginación activa”.Atormentado y atormentándose, embriagado o arrobado en un estado mental que místicos describen de inspiración divina, Jung creyó na-vegar en esas regiones de la mente que los locos y los grandes artistas exploran en el acto de creación (Ver Memorias, Sueños, Reflexiones).

Lunático, Jung decidió asimismo re-gistrar en hojas encuadernadas con piel ro-ja (y al cual referirá –a partir de 1914– co-mo su Libro rojo) cada una de sus fanta-sías, tormentos, sueños, deseos y acciones. Lo que fue anotando se convirtió en un extraño libro ilustrado que no tiene; sin embargo, las características de un diario. Jung, extraviado mentalmente, abandonó también las anotaciones neutrales, cuasi objetivas, de su entrenamiento y práctica psiquiátrica y creo más bien un largo y discontinuo registro, lleno de ilustraciones soberbias y terroríficas a la vez, sobre ese viaje interior que con el tiempo llenó de caligrafía y dibujos más de 200 páginas del libro rojo. Jung continuó trabajando en el Libro rojo durante 16 años después de haber superado aquella crisis psicótica; e in-cluso en 1959, quizás pensando en publicarlo, escribió un extraño prólogo al libro. Cuando murió en 1961 copias parciales del Libro Rojo quedaron entre algunos de sus conocidos, pero Jung no dejó indicaciones a sus herederos –su familia– sobre si se debía o no publicar. Muchos sabían del libro, pero sólo sus hijos y familiares habían tenido acceso al manuscrito original. Los cinco hijos de Jung resguardaron el libro como un documento privado, que siempre sintieron incómodo, en un mueble en su casa de Zurich en el suburbio de Küsnacht, hasta que en 1984 la familia de-cidió transferirlo a una caja de seguridad en el Banco Unión de Suiza. En noviembre de 2007 el Libro rojo fue retirado de la ca-ja fuerte del banco por sus dos nietos, Ul-rico Hoerno y Peter Jung, (previa una lar-ga negociación con Stephen Martin, analista jungiano que desde su casa en Fila-delfia dirige la Fundación Philemon, y el historiador y traductor al inglés, Sonu Shamdasani del University College de Lon-dres) para, renuentemente, darlo a publicación. Comisionada por el New York Ti-mes para reportar el suceso, Sara Corbett, describió en un artículo reciente (www.ny-times.com/2009(09/20) el momento cuando el Libro rojo de Carl Jung se trasladó al estudio de fotografía donde fue escaneado, página por página. Dos representantes de la editorial Norton, dos técnicos de una compañía llamada DigitalFusion que llegaron desde California con equipo fotográfico y computacional sofisticado, así co-mo Ulrico Hoerno y su primo Peter Jung además de S.Martin y S.Shamadasani, es-tuvieron presentes. Corbett estuvo así en-tre las primeras personas, ajenas a la familia de Jung, que pudo ver y leer partes del documento original. Corbett cuenta de su sorpresa al ver el libro y leer algunas de sus partes: “…es una especie de fantasmagórica obra de teatro moralista, impulsada por el deseo de Jung no solo de documentar… su pantanoso mundo interior sino por extraerle algunas de sus riquezas… El li-bro cuenta la historia de Jung intentando confrontar sus demonios…y lo que resulta es humillante y a veces desagradable. En el libro Jung viaja a la tierra de los muertos, se enamora de una mujer que más tar-de se da cuenta que es su hermana; se en-cuentra atrapado por una gigante serpiente y en un momento horroroso come el hí-gado de un niño. Dice textual: “Trago con dificultad desesperante –es casi imposible– lo intento una y otra vez –casi me des-mayo– ya está”. En un párrafo incluso el diablo critica a Jung como despreciable.”

Lo más sorprendente del libro, sin em-bargo, son las ilustraciones. En la página 37 Corbett describe una pintura “intrincada” de un gigante sosteniendo un hacha en medio de serpientes con alas y cocodrilos. La página, al anverso, esta atestada de una caligrafía controlada y febril. Corbett dice que “el libro es de una belleza innegable. Los colores pulsan, la escritura arrastrada… a la mitad del libro, después que Jung atravesó un desierto, subió montañas, car-gó a dios sobre sus espaldas, cometió un asesinato, visitó el infierno… están los diálogos con su mentor, Philemon, un hombre con cuernos y barba larga… y cuando Jung se siente cansado y demente aparece su alma, una figura femenina que periódicamente acontece en la narración…”. Cor-bett describe el libro como poético, den-so, raro y como un objeto de arte. El ma-nuscrito ilustrado original se pondrá próximamente en exhibición en Nueva York en el Museo Rubin de Arte, según explica Corbett.

Los familiares de Jung, finalmente, ac-cedieron a hacer público el libro, acosados por los seguidores de Jung, por la posibilidad de que otros editen las partes del li-bro en circulación y, en general, hartos de las sociedades esotéricas, de los círculos jungianos, de los fanáticos que constantemente construyen rumores y leyendas ne-gras en torno al contenido de este libro y tocan las puertas de los herederos de Jung buscando conocer las ideas de un siquiatra que largo tiempo ya no interesan a los psicólogos científicos salvo como parte de la historia del psicoanálisis. El pensamiento de Jung (quien había iniciado su carrera como médico psiquiatra y se consideró a sí mismo un científico) ha ido desacreditándose entre los que practican y estudian psicología. Pero su culto se amplía y ad-quiere popularidad entre grupos, principalmente, esotéricos. Corbett explica que “hoy se le tiene más como un icono de la contracultura y más como un proponente de una espiritualidad fuera de las religiones” que un científico. Su legado, dice ella también, esta más presente entre “visionarios y soñadores que le han granjeado póstumamente respeto y ridiculización… y el grueso sus ideas centrales –la existencia del inconsciente y el poder de los arquetipos– ha sido relegado mayormente al ám-bito cultural de New Agers y en la periferia de la psicología científica”. La familia de Jung decidió la publicación del libro tam-bién, o en gran parte, porque el traductor al inglés del texto, el historiador Shamda-sani, ordenó una edición digna y anotada (tiene más de mil notas y explicaciones) que garantizaba a la familia una difusión seria y académica del libro. La experiencia de la familia Jung se parece a la que han experimentado los herederos de Ja-mes Joyce; pero sobre todo tiene paralelos con el libro póstumo que el hijo de Vla-dimir Nabokov dejó en su legado a su hijo Dmitri. El Libro rojo de Jung, se convertirá en un gran acontecimiento editorial por otra razón: al parecer y según lo ha explicado Shamdasani, las esenciales propuestas terapéuticas o teóricas de Jung –por ejemplo, sobre el “inconsciente colectivo” o la idea que las personalidades tienen componentes femeninos y masculinos (ani-mus y anima)– tienen su origen en el Li-bro rojo. Es decir, en el pensamiento du-rante una terrible crisis psicótica, esquizofrénica explican algunos expertos, en la cual Jung se acercó peligrosamente a los dioses. F. Hölderlin (1770–1843), el poeta que más sabia de ello, refirió que puede resultar devastadora la visitación de los dioses en los mortales. La vecindad de lo divino, el choque con Apollo decía el poe-ta, es más de lo que la mayoría de los mortales pueden soportar.

Así fue para Carl Jung, que no tuvo, como Hölderlin, a la poesía para salvarse; aunque dejó este libro ilustrado, encuadernado en rojo, quizás en la tradición de William Blake, para dar cuenta de un diálogo interior del cual pocos emergen con cordura.

Fuente: La Jornada de Oriente

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7 Comments so far ↓

  • Maria

    Simplemente quería remarcar en cuanto a la afirmación del poeta Höderling en relación de la peligrosidad de acercarse a los dioses y parece que muy en especial a Apolo. No considero que sea peligroso. Lástima que no pueda debatir con él este tema. En cuanto a Jung no sé si realmente el Libro Rojo lo ilustró él, lo que no me cabe la menor duda es que nos abrió un camino en el que nadie antes había contemplado con un estudio profundo de todas las religiones mitos y el alma del ser, que estuvo muy cerca de ellos y no sé si al final lo consiguió. Ojalá que sí. Y que para ello tuvo la valentía, afán de saber y conocer que cruzó la puerta que poca gente se atreve a pasar,(Goethe) aunque para ello necesitara entrar en un estado de psicosis voluntaria para lograrlo
    He leído Recuerdos, Sueños y Pensamientos, espero que el Libro Rojo no me decepcione.

    Saludos a todos

  • anubis

    Los profesionales que critican la investigación del Dr. Jung, no han entendido lo que ha querido expresar y se sumergen en un mundo de materialismo ateo sin conocer los estratos superiores de la psique

  • Horacio

    El libro rojo es una realidad jungiana. No se debe dudar de el
    C.G. Jung no lo menciona como tampoco lo hace con los septem sermo ad mortuos
    Es la expresión plásticva de la técnica de imaginación activa
    Lindo post
    Suerte

  • Enma

    En Recuerdos, sueños y pensamientos no hay ninguna alusión a este libro. Jung no habla de el, pero si de toda su obra.
    ¿Nadie cuestiona que no sea una obra suya?.
    ¿guardado en una caja fuerte?
    Es poco creible

  • Eres

    ¡Gran nota! Tuve la fortuna de asistir a la exhibición en Nueva York: reveladora. No deja duda que un hombre debe comenzar por sí mismo para conocer a Dios.

  • Clitemnistra

    Thank you Alex

  • AlexAxe

    Hi,
    Interesting, I`ll quote it on my site later.

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